martes, 15 de mayo de 2018

Crónica: Mogwai deleita al Plaza Condesa

Más allá de la búsqueda incesante que algunos críticos de música realizan por encasillar a determinadas bandas en géneros que resultan de la fusión de estilos que jamás se hubiese pensado podrían coexistir en el mismo espacio, el señalamiento con el que suelen referirse al hablar de Mogwai como banda de post-rock carece de justicia y realmente no logra expresar todo lo que representa la agrupación de Escocia liderada por Stuart Braithwaite (guitarra principal y voz), Barry Burns (guitarra, piano, sintetizadores), Dominic Aitchison (bajo) y Martin Bulloch (percusiones).

Caracterizada por sus largas ambientaciones, composiciones instrumentales y con una trayectoria de 20 años en la escena musical, Mogwai aún ofrece una de las opciones más recomendables en cuanto a música en vivo y en esta ocasión el Plaza Condesa se erigió como el escenario en el que por casi hora y media los originarios de Glasgow deleitaron a sus seguidores, principalmente con temas de su más reciente álbum: Every Country’s Sun.

Son las 18:50, mi Uber se estaciona enfrente de la entrada del Plaza Condesa, recinto ubicado en el corazón de la Roma Norte y que suele contar con buenos conciertos en su cartelera a lo largo del año. En esta ocasión Mogwai regresa a nuestro país casi de manera inmediata (tomando en cuenta que recientemente en noviembre del año pasado se habían presentado en el Festival Corona Capital), con nuevo álbum y la frialdad que los caracteriza en sus composiciones. Una fila ansiosa avanza lentamente y los puestos de mercancía oficial ya lucen vacíos, la convocatoria ha sido muy buena, es turno de los escoceses y su capacidad para sorprender en el escenario.

Ya dentro del recinto y de camino a la ubicación desde la que pueda ver de mejor forma a la banda esquivando apretones, empujones y uno que otro insulto escucho varias platicas aleatorias, la mayoría de asistentes comentan con preocupación el hecho de que Mogwai ya no suele tocar canciones de su apoteósico álbum Mr. Beast, -“es el creep de esta banda, por eso no les gusta tocarlo”- menciona con pasión uno de sus seguidores; -amaría poder escuchar en vivo Friend of the Night- comenta una chica de no más de 19 años, esto último me parece digno de comentarse tomando en cuenta que el primer álbum de Mogwai salió en 1998.

Con puntualidad exacta Mogwai salta al escenario a las 19:25, sus integrantes no lucen sorprendidos ante el lleno total del recinto y como quien se dispone a comenzar su jornada laboral toman sus instrumentos con seriedad y disciplina. De pronto, un silencio total invade la atmosfera, las luces se apagan y sólo uno de los reflectores ilumina la figura encorvada de Braithwaite que comienza a tocar los primeros acordes de Hunted by a freak, el collage de sonidos en combinación con las luces ofrece el primer momento memorable de la noche, Mogwai es real, Mogwai ha iniciado.

Al finalizar la canción el frontman de la banda se toma unos segundos para beber un poco de agua, con una señal de su mano las luces cambian nuevamente y el reflector vuelve a enfocarlo únicamente a él. Agradece la presencia de los asistentes mezclando algunas palabras en español e inglés.

La noche continúa con Crossing the Road Material; Party in the Dark y Take Me Somewhere Nice, las emociones suben y bajan, algunos asistentes aprovechan el silencio entre canciones para exigir la ejecución de algunos temas, Glasgow Mega-Snake es uno de los más pedidos. Los integrantes de Mogwai se mantienen indiferentes a esta clase de peticiones, sólo Aitchison dedica algunas sonrisas a los fanáticos que tiene justo enfrente de él, e incluso les lanza algunas de sus plumillas.

Los momentos previos a I’m Jim Morrison, I’m Dead llenan de emoción a los asistentes, los guitarristas sostienen un leve diálogo y las luces vuelven a cambiar, al parecer sólo es una cuestión técnica que ha quedado arreglada tomando en cuenta el pulgar arriba que el frontman le dedica a su ingeniero de audio. El crescendo construido entre el piano y la guitarra se extiende más allá de los dos minutos de la versión de estudio, la ovación es letal, un aplauso que hace vibrar las paredes del recinto y un grito que todos corean: “oeee oe oe oe… Mogwai… Mogwai…”.

Al ejecutar Coolverine; Rano Pano; Killing All the Flies; Don’t Believe the Fife, los integrantes ya se perciben totalmente cómodos en el escenario, los detalles en cuanto a la ecualización han sido solucionados completamente y la gente lo agradece aplaudiendo intensamente cada una de las canciones.

Mogwai fear Satan cae como un balde de agua fría, algunos de los asistentes comienzan a comentar con preocupación que Mogwai ha estado cerrando algunas de sus presentaciones en otras partes del mundo con esta canción, la ejecución es impecable, la combinación de luces vuelve a sumarse a los sonidos para regalar otro momento cumbre de la noche. Inmediatamente y sin dar lugar a que los fans exijan algún tema Mogwai comienza a tocar Old Poisons, el contraste entre canciones ofrece los minutos de mayor intensidad, incluso los integrantes de la banda lucen más sueltos, se observan entre ellos, recorren el escenario, agitan sus guitarras y se entregan en su totalidad a un público que los observa retirarse al backstage sin si quiera despedirse.

Los espectadores permanecen inmóviles, todos saben que viene el encore, las teorías en cuanto a las canciones que podrían tocar no se hacen esperar, nuevamente algunos títulos del Mr. Beast se mencionan con gran entusiasmo. Desde el fondo una chica grita: “Mogwai, hazme un hijo”; la mayoría del público lo toma con humor y esto ayuda a que el regreso de la banda realmente provoque la sensación de sorpresa.

New Paths to Helicon, Pt. 1 y We’re No Here son los temas elegidos para cerrar definitivamente su actuación, en especial la última canción suena a declaración por parte de la banda, sus músicos han crecido, tal vez ya no creen o piensan en lo que haya provocado la composición de Mr. Beast, pero su tema de cierre enfrenta de manera contundente las posibles criticas que pudiesen existir por parte de los asistentes, ha llegado el momento de no ser más amigos de la noche, ha llegado el momento de ser algo más.